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Otra de las razones por las que vale la pena recorrer la Riviera Maya de punta a punta es la belleza de sus parques ecológicos y acuáticos. Entre los más conocidos figura Xcaret, a sólo 8 kilómetros de Playa del Carmen.
La excursión puede durar todo el día, por lo que conviene levantarse temprano. Las alternativas para trasladarse abarcan desde el transporte público hasta los tours contratados. Por autonomía y también por precio, quienes se mueven en pareja o en grupos prefieren recurrir al alquiler de autos, a partir de los 40 dólares por día.
"¿Consultaron ya la hora de comienzo de las actividades?", pregunta el guía, mientras reparte los brazaletes que funcionan como pase diario a Xcaret. El consejo no es en vano: muchas actividades tienen horario fijo y hay que tomar nota para no perdérselas. Además, las propuestas más concurridas tienen cupo limitado.
Una vez dentro del parque, es difícil quedarse con uno solo de los muchos atractivos que Xcaret tiene para ofrecer. Por empezar, el predio ocupa el lugar de un antiguo puerto maya llamado Polé, del que todavía quedan algunos vestigios. El recorrido también incluye visitas a un acuario y un mariposario y espectáculos programados como la representación del famoso juego maya de pelota.
Pero sin dudas, las estrellas del lugar son las actividades acuáticas y los cenotes, otra de las grandes maravillas naturales de la región.
Con ese nombre se conoce a los pozos naturales de agua (más de 6 mil en toda la zona), que conducen a ríos subterráneos. "Estos depósitos fueron claves para la supervivencia de la civilización maya", explica el guía mientras algunos ya se apuran para colocarse las patas de rana.
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Hoy, los cenotes brindan, junto al Gran Arrecife Maya, los mejores lugares para el buceo y la práctica de snorkel. En Xcaret hay dos ríos subterráneos y su recorrido forma parte de los imperdibles del lugar. Con equipo de buzo o con snorkel, las suaves corrientes de agua dulce discurren a través de las formaciones de roca. De pronto, entre cientos de peces multicolores, se descubre ante los ojos de los buzos las paredes de esta mágica caverna en la que el tiempo parece no existir.
Por la tarde, es tiempo de probar otro de los platos fuertes del parque. El nado con delfines será, por lejos, uno de los recuerdos más memorables de este paseo. Los anfitriones no podían ser más amables: después de recibir a sus visitas con una pirueta, se acercan sin problemas a contemplar con verdadera curiosidad a los recién llegados.
Dos chicos de 6 y 7 años ingresan junto con sus padres, como parte de un programa especial de nado con delfines para los niños. Ni los nenes ni los delfines necesitan de mucha ceremonia para entrar en confianza de inmediato.
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